
En un pueblo de escocia venden libros con una página en blanco perdida en algún lugar del volumen, si un lector desemboca en esa página al dar las tres de la tarde, muere.
Julio Cortázar dixit

Tener de ti siquiera un buen pedazo
Ya parece, más bien, un atentado;
Te rodea el Che, Lenín, cualquier payaso;
¡Pa' quererte hay que ser un potentado!
Barbie linda, regálame un tiempito
Que me tienes aquí, escribiendo versos
Y yo callada me veo más bonita
Bríndame un café, tal vez un cigarrito,
Pero más no me apartes de tus huesos
¡Que extraño las arepas de Rosita!
"Por como te reconozco, por como te determino. por como creo saberte, por como respiras, por lo que te desconozco, por lo que te sé, por lo que te quiero es porque me atrevo a compartir esta sencilla historia, que es la historia de un atormentado pero sosegado amor narrado desde las entrañas del más desconcertante, paralizante humor. Me ilusiona en que al leer esta novela nos evoques. Tal vez sea esta la manera más espléndida de amarte. Porque en el fondo y hasta en la superficie nos parecemos, porque ambos somos furtivos cazadores de sus propios fantasmas: invictos y atrapados (··)".
Sí, como aquel libro del tipo autoayuda escrito por un Stephen Covey que intentaba estimular a la gente a la productividad, pero esta lista no busca estimular, es nada más que una queja. Y no es que queramos erigirnos en autoridad para las buenas costumbres ni revivir a Carreño y su desactualizado manual, pero es que uno se esfuerza por hacer la vida con un nivel de decencia y lo mínimo que esperamos de los congéneres es que no nos dejen solos en el intento de evitar la extinción de la especie, que no nos cubran de basura, que nos permitan mantener la esperanza de ver a nuestros nietos criarse en una sociedad con valores. Está incompleta, pero aquí la lista de lo que no queremos ver hacer a nuestra gente:
-Sacarle las espinillas al novio o novia en lugares públicos: ¿Qué culpa tienen los bancos de las plazas de la falta de higiene y de vergüenza de los adolescentes?
-Mostrar la ropa interior (sostén, pantaletas, boxers, etc): No sé en qué momento estar mal vestido se convirtió en moda.
-No ceder el asiento en el transporte público: Es una cuestión de sentido común: esa señora lleva 60 años cargando su peso con esas mismas piernas, es obvio que está más cansada que tú.
-Alardear de las pertenencias: Toda fanfarria es prueba de inseguridad.
-Llenarse de hijos que no se pueden mantener ni atender: Es decir, criar malandros, mendigos de autobús y demás vainas.
-Botar basura en cualquier lugar no previsto para ello: No sigo porque es tema susceptible y puedo molestarme demasiado.
-Emborracharse hasta perder la conciencia.
-Llevarse los insumos de los hoteles y oficina (papel sanitario, toallas, tintas, resmas de hojas)
-Hablar públicamente de las necesidades del cuerpo y referirse a ellas con palabras como cagar, mear y hasta "miar".
-Usar el ticket del metro como herramienta de higiene.
-Tatuarse las tetas: Y en general todos estos tatuajes "ingenuos" que se tornan verde-azulados. Si alguien ha visto algo peor que esto intentando ser un ornamento, que lo diga.
-Usar el trapo que está de moda y que toooodo el mundo usa: La moda es lo que te queda lindo, niña, no lo que está en la tele.
-Decir palabras como bluma, carriel, chancleta, escaparate, pintalabio, brasiel, colorete...
-Hablar con un alto volumen de voz irrespetando a los congéneres: Sobre todo si es por celular y en el transporte público.
-Aplaudir en el cine y en los vuelos.
-Chuparse los dientes: Ya vengo, voy a vomitar.
-Montar el pie en la pared cuando se está recostado de ella.
-Chancletear: Es que a cada paso se van hundiendo en su propia tierra.
-Toser, estornudar y bostezar sin taparse la boca.
-Llevarse de las fiestas los ceniceros, botellas de whisky, pasapalos (enrollados en servilletas) y centros de mesa (con su respectiva pelea previa).
-Correr en el metro: ¡Uff! Es que no hay que llamarse Manuel Antonio para tener un mínimo de decencia.
-Montar en el Facebook, Hi5 o cualquier perfil público fotos de desnudos y semidesnudos autotomadas.
-Escupir: (espacio abierto para sus comentarios; yo no puedo)
-Fumar en una cola de personas: La gente no hace colas por gusto, entonces por qué amargarles y contaminarles el rato de espera. (Soy fumadora).
-Besarse en público: ¡Y no vengan a decirme que es envidia! Perdonen que no argumente, pero ¡qué de mal gusto!
-Guardarse entre las tetas objetos tan insólitos como bolígrafos y hasta el celular: Ni aunque me rueguen voy a justificar esta falta de amor por el pecho femenino convertido en bolsillo.
-No mantener las sandalias en los pies mientras se está sentado: Sentada, más bien. Nadie les enseñó a estas señoritas un mínimo de decencia pública.
-Ser tuki: Lo que equivale a decolorarse todos los pelos del cuerpo (hasta los tres pelos de barba) sin importar que no hagan juego con la piel morena, vestir pantalones que parecen cosidos encima desde el tobillo hasta casi el pecho, peinarse en forma de casco y atreverse a ponerse mechitas sobre ese insulto a los estilistas, y calzar zapatos insólitos, preferiblemente blancos.
-No usar audífonos para escuchar en público la música del celular: Es que hay mil maneras de ser un malviviente, pero esta es la peor ¿Se acuerdan del anacrónico Casanova 90? pues estos también han perdido la cuenta, el respeto por el otro y hasta la conciencia de que no están solos en el mundo. Este es tema para un post aparte, pero no sé si soporte escribirlo sin convertirme en asesina serial.
-¡Ave María Purísima! –dije indignada-. No puede ser que la tengan a una condenada a interpretar lo bonito, Absalón, a escudriñar infamias para entresacar un mensaje amable, a saltar sobre lodo indecible para rescatar palabritas y, en cambio, para recordarte lo pésima persona que una vez fuiste, tu interlocutor se vuelve tan denotativo, tan elocuente que marea, tan diáfano y seguro que hasta tú te convences de que fuiste una mierda y mereces la hoguera. Freudiano, el treintañero sicoanalista acarició su barba con las yemas (reales a lochas que no tenía puta idea de qué decir), bailó el bolígrafo en la otra mano, empaquetó esos ojos con su pedantería habitual y tras la pausa teatral, antes de oírle regurgitar teorías: "Vete a la mierda, Absalón"... diáfana, elocuente, cogí mi mochila de vainas mías y por aquí ando.

Indócil, desgreñada, rebelde
-Está bien, feliz Navidad _gruñó.
Participamos constantemente en juegos sicológicos de una manera no consciente. Son una forma de evasión que evita la comunicación sincera y honesta donde se compartan emociones auténticas y no haya manipulación.
El juego de PERSEGUIDOR-SALVADOR-VÍCTIMA explica que a veces no podamos salir de un ciclo de dependencia en nuestras relaciones (laborales, familiares, de pareja) porque esa interacción está basada en un intercambio comunicacional con mensajes ocultos para manipular, que ninguno de los participantes logra identificar conscientemente, por lo que permanecemos en el círculo.
Comienza el juego:
Anita deja caer su vaso de leche, que se rompe y además mancha la alfombra. La mamá se molesta a tal punto que le regaña y pega de tal manera que empieza el caos: “Eres una inconsciente, torpe” (ya asumió su rol de perseguidora).
Anita llora desconsoladamente y gimotea (víctima), es cuando la madre siente culpa por el regaño y las nalgadas que le dio, entonces la abraza y la consuela (llegó la salvadora).
Y puede volverse aun más intrincado si siguen intercambiando roles:
Dice la madre: “Es que es mi alfombra preferida y me costó mucho mandarla a lavar, y ahora tengo que ponerme a limpiar y no tengo tiempo para eso porque debo ir a trabajar para las dos”. Ahora la madre asumió su rol de víctima, por lo que Anita debe ir en su rescate: la abraza, besa, la mira con ojitos de cordero degollado y le promete: “No volverá a pasar, mamita, te juro que tendré más cuidado para que estés feliz” (ahora Anita es la salvadora)…
Así aprendemos que una manera barata de dar y recibir cariño es manipulando desde el castigo, colocando al objetivo en situación de necesidad de amor, dárselo y de allí pasar a un puesto de autocompasión hasta que esa persona que nos ama va en nuestro rescate y nos da el amor que queremos; pero no es difícil, una vez desmenuzado, darnos cuenta de que es trampa, ¡es trampa!
¿Y qué si también soy tristeza? ¿Y qué si negarlo se me escapa?
La vida también es tango; llorar cantando es la consigna.
Aquella fue la última vez que me desconocí, porque hoy vengo con promesas nuevas a reconciliarme con todo lo que soy, y dije todo. Se unirán los que quieran y se alejarán los que no compartan tanto descaro o rechacen tanta lágrima.
Es todo
Te espero, a veces tardas en llegar
Empiezo a vivir en el mismo momento en que empiezo a ser palabra. Vine buscando hendijas, verbos por donde escaparme; madrigueras, adjetivos que me refugien en el espacio ínfimo de mi verdad.
Es mucho pedirle a noventa minutos de contemplación, pero los lunes se hacen excepciones. Una mano que explica y yo quiero sentir en mis labios , una boca que narra y yo quiero tomar su saliva, una encantadora de serpientes que deja entrever sus piernas como por descuido... tiza sobre el cielo verde... es más de lo que se puede pedir desde este lado de la cátedra.
Del lado donde sólo está ella, también una mirada oculta que me deja soñar en lo que sólo en sueños existe en perfecta sintaxis, semántica preciosa y ortografía impecable. Quince años de distancia dejan de ser excusa cuando gana la urgencia.
Empiezo a vivir en el mismo momento en que empiezo a ser palabra.
Por una cabeza,
metejón de un día
de aquella coqueta
y risueña mujer,
que al jurar sonriendo
el amor que está mintiendo,
quema en una hoguera
todo mi querer.
Por una cabeza,
todas las locuras.
Su boca que besa,
borra la tristeza,
calma la amargura.
Por una cabeza,
si ella me olvida
qué importa perderme
mil veces la vida,
para qué vivir.
No son más silenciosos los espejos
ni más furtiva el alba aventurera;
eres, bajo la luna, esa pantera
que nos es dado divisar de lejos.
Por obra indescifrable de un decreto
divino, te buscamos vanamente;
más remoto que el Ganges y el poniente,
tuya es la soledad, tuyo el secreto.
Tu lomo condesciende a la morosa
caricia de mi mano. Has admitido,
desde esa eternidad que ya es olvido,
el amor de la mano recelosa.
En otro tiempo estás. Eres el dueño
de un ámbito cerrado como un sueño.
Borges